Opinión

Más falso que Judas: El «nuevo» paseo de El Bosque oculta y falsea la verdadera alameda del siglo XVI

  • En la intervención perpetrada se ha renunciado a recuperar de forma fidedigna el firme del paseo y a utilizar la especie arbórea original que le daba sombra

| Plataforma para la Defensa de El Bosque de Béjar (PDBB) |

El próximo miércoles, 15 de febrero, se abrirá el acceso a las terrazas de El Bosque por la Puerta de la Justa, lo que permitirá recorrer la alameda axial que ordena la villa de recreo desde el siglo XVI, cumpliendo una vieja reivindicación que el Grupo Cultural planteó en 1999. Sin embargo, en la intervención perpetrada por la Junta de Castilla y León se ha renunciado a recuperar de forma fidedigna el firme del paseo, antaño empedrado, y a utilizar la especie arbórea original que le daba sombra, olmos y no chopos, entre otros aspectos problemáticos, a pesar del extenso informe en contra presentado por el Grupo Cultural San Gil y la Plataforma para la Defensa de El Bosque de Béjar (PDBB) a principios de 2022.

Lo advertimos por escrito hace más de un año, después de casi cinco meses solicitando acceso al proyecto redactado para esta intervención. El documento técnico lo firma el arquitecto Ángel León Ruiz y ha sido promovido, aprobado y ejecutado por la Junta de Castilla y León con cargo a los fondos europeos del infausto programa Jarcultur, que tanto daño ha causado en este BIC-Jardín Histórico. La responsabilidad sobre previsibles desastres presentes y futuros queda en manos del consejero de Cultura, Gonzalo Santonja, y del director general de Patrimonio, José Luis Prieto, nombrados recientemente; a ellos pedimos cuentas.

Nuestro informe crítico fue remitido a los responsables de entonces a finales de enero de 2022, cuando todavía se estaba tiempo de rectificar y acometer la verdadera recuperación formal y funcional de la Alameda, un elemento clave en la composición de El Bosque comparable a otros paseos arbolados o bajo emparrados en Italia y en España, asociados también a villas de recreo como los del Bosque de Benavente (ca. 1499-1511, ya desaparecido), la Casa de Campo de Madrid (ca. 1562-1567, también desaparecido) y la Fresneda cerca de El Escorial (ca. 1562-1569, todavía conservado). Ni siquiera esta excepcionalidad en el panorama de nuestro Patrimonio sirvió para que los responsables regionales (cada vez más irresponsables, pertinaces y dañinos) optaran por escucharnos y reformaran el proyecto en beneficio de este BIC-Jardín Histórico, tan maltratado por su culpa desde hace ya dos décadas: recordemos el miserable jardinillo norte frente al palacete, los torpes cuadros junto al estanque y en la Huerta de los Bojes o el atentado chatarrero en la terraza de la Huerta de Abajo. De los creadores de tamañas ofensas contra el Patrimonio llega ahora el falso paseo de la Alameda, en riguroso estreno oficial el próximo 15 de febrero, con sus bandas de madera y sus ridículos arbolillos, ya roídos por los ciervos.

Para que nadie pueda decir que no intentamos evitar un nuevo desastre, ofrecemos nuestro informe crítico íntegro en formato PDF y descargable en este LINK, de modo que los lectores tengan acceso a la documentación presentada ante la Dirección General de Patrimonio, así como nuestra argumentación y propuestas, aunque haremos aquí un resumen de todo ello para mayor difusión.

CARENCIAS Y DEFICIENCIAS DEL PROYECTO 

El proyecto recién ejecutado tuvo su precursor en el anteproyecto de Boriana Christova Dontcheva de junio de 2019, una propuesta tan disparatada y aberrante como el bodrio plantado al norte del palacete, impropia de un BIC-Jardín Histórico renacentista, lo que afortunadamente fue desestimada al año siguiente, lo que no ha impedido que a su autora se la contrate para intervenir en el Jardín Romántico en 2022-2023, asunto del que trataremos en otro momento: ¿de verdad no hay mejores profesionales para recuperar El Bosque?

Centrándonos en el proyecto de León Ruiz, menos agresivo que el anteproyecto de 2019, cabe decir que, al margen de su presentación y redacción descuidadas, no incluye ningún manejo de la bibliografía disponible ni de la documentación de archivo conocida (tan sólo breves menciones mal interpretadas) y tampoco se aborda en él un mínimo acercamiento a la tratadística ni un estudio comparativo con otros ejemplos de vial arbolado en villas españolas e italianas. Esta grave carencia contraviene lo establecido en el artículo 38.1 de la vigente Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León de 2001 (LPCCyL), lo que, en la práctica, viene a demostrar hasta qué punto incumple sus propias normas nuestra Administración regional y supone, como consecuencia, la privación de información relevante, útil y fiable para la adecuada recuperación del BIC. Si el redactor del proyecto desconoce esa información clave y el promotor de la obra, una vez advertido por San Gil y PDBB, renuncia de forma explícita y flagrante a utilizarla, el resultado sólo puede ser el que finalmente se ha producido: un burdo camino de tierra recrecido y superpuesto al verdadero vial, adulterado con bandas laterales de madera y repoblado con una especie muy diferente de la original, un paseo más falso que Judas, un engaño inaceptable para el público. Que sepan nuestros lectores en qué manos hemos dejado nuestro Patrimonio.

¿CÓMO ERA EL VERDADERO PASEO DEL SIGLO XVI? 

Si el arquitecto redactor hubiera interpretado correctamente los resultados de los sondeos arqueológicos realizados en mayo de 2021 y hubiera manejado la bibliografía y la documentación conocida, se habría dado cuenta de que el paseo original se encuentra en perfecto estado bajo los aportes de tierra de épocas posteriores, aunque haya desaparecido la mayor parte del firme de rollos que, no obstante, consta en el registro de archivo.

Así se demuestra en el contrato para la renovación de este paseo en abril de 1635, una obra acometida por el duque Francisco IV en la que se abordaba la reparación de varios tramos en mal estado y se añadían dos áreas de acceso para coches de caballos en los extremos de la vía. En este documento se describe explícitamente la forma y técnica constructiva que utilizarían sus artífices con el propósito de “empedrar […] el camino y alameda que ba de esta billa de Béjar al Bosque y casa de campo de su excelencia el duque de Béjar mi señor”: 

Y lo demas del dicho camino que no lo ubiere sido le abemos de poner tramones de piedras grandes y suficientes terraplenando y reynchiendo el dicho caminode tierra hasta lo dexar llano y bien tratable lo uno con lo otro dexando en las partes necesarias del dicho camino los albañares y padrones para el agua ansi de la llobediça como de otra que venga por el dicho camino todo bien dispuesto enpedrado y adereçado reparando lo hecho y açiendo de nuevo todo lo que para lo susodicho sea necesario…

El contrato aporta datos adicionales y hay otros documentos posteriores que permiten corroborar lo expresado, pero las características esenciales de esta infraestructura renacentista quedan contenidas en la breve cita anterior, mostrando un camino trazado entre líneas paralelas de encintado pétreo a base de grandes mampuestos perpendiculares al eje viario (“tramones de piedras grandes”), cuya caja era rellenada hasta su colmo con tierra compactada a golpe de pisón (“terraplenando y reynchiendo” el espacio entre tramones) antes de recibir un pavimento de rollos (el “enpedrado” final, en buena parte desaparecido), y que contaba con regaderas laterales (“padrones”) y canalizaciones transversales (desagües o “albañares”) para evacuar el agua de escorrentía y la sobrante del riego de las terrazas y los prados, que es exactamente lo que apareció en los sondeos y que ni el arqueólogo ni el arquitecto ni los técnicos de la Junta fueron capaces de reconocer y valorar debidamente. En el documento no consta la agregación eventual de una capa drenante de mampuestos en la base de esta estructura caminera que sí aparece en las imágenes de los sondeos, un lecho muy útil en las partes del terreno sometidas a la acción permanente del agua que caracteriza buena parte del Prado Bajo atravesado por la Alameda, y que ha sido confundido con el verdadero empedrado por el arqueólogo y por el arquitecto (esta misma capa drenante se registró en un sondeo realizado en 2000 en uno de los caminos encintados y empedrados del Prado Alto, aquellas “calles de çelosias” que atravesaban la parte oriental “costeadas contra las subidas de las huertas”, según consta en la documentación de los siglos XVII y XVIII). Considerando las condiciones del contrato de 1635 y las estructuras de piedra soterradas, el aspecto que tuvo el paseo axial de El Bosque coincidiría con la sección transversal que proponemos y con la planta parcial, ambas incluidas en nuestro informe para la Dirección General de Patrimonio, pero lo cierto es que ni el arqueólogo ni el arquitecto redactor ni los responsables de Patrimonio hicieron su trabajo, bien por interpretar incorrectamente lo encontrado, por ignorar bibliografía y documentación o por rechazar un informe, el nuestro, en el que se aportaba aquella información e interpretación de las que el proyecto carecía.

El esfuerzo de San Gil y PDBB para que los fondos europeos no se malgastaran en el falso camino actual tropezó con la prepotencia del anterior director general de Patrimonio, Gumersindo Bueno Benito (ya en funciones), que en 23 de febrero de 2022 respondió con tajantes negativas a cuanto se contiene en nuestro informe, con una pequeña excepción sobre la especie arbórea utilizada que el director general de ahora, Juan Carlos Prieto, ni siquiera se ha dignado a autorizar.

¿QUÉ ESPECIE ARBÓREA DABA SOMBRA A LA ALAMEDA ORIGINAL?

Otro aspecto negativo concierne al arbolado. En nuestro informe se argumenta por extenso sobre la especie arbórea original que se plantó en torno a 1568-1577, a todas luces olmos comunes (Ulmus minor) que se reemplazaban en ciclos de aproximadamente 200 años, pues se documenta la tala de los pies arbóreos antiguos y su correspondiente reposición entre 1767 y 1768. También se expone en el informe la fecha aproximada en que se introdujeron los chopos lombardos que perviven (Populus nigra italica), plantados en la década de 1930, y la imposibilidad histórica de que pudiera ser esa la especie elegida por el duque en la segunda mitad del siglo XVI, por no existir tal variedad hasta mediados del siglo XVIII, y sólo en Italia, Francia e Inglaterra.

Una vez demostrado lo improcedente de persistir en el error de plantar chopos lombardos en vez de olmos, facilitamos a la Dirección General de Patrimonio la forma de obtener ejemplares de Ulmus minor libres de grafiosis, sin coste alguno, en los viveros experimentales del Ministerio de Agricultura o, en su defecto, de una especie muy parecida, Ulmus laevis, en los viveros de la finca de Quitapesares. Tal propuesta se ofrecía para la repoblación de huecos en las alineaciones actuales, para sustituir ejemplares enfermos y para reponer los chopos lombardos antiguos a medida que su ciclo vital lo requiriera, de modo que la sustitución paulatina del arbolado de la década de 1930 fuera dando paso a la cobertura arbórea original con Ulmus minor. Esa posibilidad fue la única “concesión” a nuestro escrito en la respuesta del director general saliente que el actual no ha respetado: así se entiende la idea de mejora, de idoneidad y de autenticidad entre nuestros responsables en materia de Patrimonio.

OTROS ASPECTOS PROBLEMÁTICOS DEL PROYECTO 

Además de los dos grandes errores que acabamos de exponer, el redactor del proyecto insistía en otros aspectos no menos problemáticos, como la absurda diferenciación entre el pavimento del tramo mayor de la Alameda y el de la rampa final y la instalación eléctrica para dotar de iluminación nocturna al paseo, persistiendo en otro grave inconveniente que no respeta la vida silvestre de El Bosque. En palabras de la experta en jardines históricos e Historia del Jardín, Consuelo Martínez-Correcher, escritas como crítica al anteproyecto de 2019:

El Bosque es un espacio vivo que tiene que recuperar su silencio, su oscuridad, su frescor, sus insectos, sus aves, sus animales, sin presencia humana. Y su luz de luna. Hay que cederles esas horas a todo jardín, a todo espacio señero y frágil…

Tampoco parecía conveniente introducir un nuevo sendero de acceso al estanque del Tinte y alterar con ello la superficie de prado conservada. Se ve que arquitectos y promotores institucionales no duermen tranquilos si no consiguen incrustar alguna prótesis artificiosa para dejar huella de su paso (como Atila) en lo poco auténtico que va quedando en nuestros bienes culturales.

Finalmente, cabe denunciar que el proyecto no aporte ninguna solución ni previsión sobre el vallado entre el paseo y los pastos, según establece el Plan Director en función del uso ganadero preferente asignado para el Prado Bajo.

En definitiva, la Dirección General de Patrimonio, que carece de técnicos con conocimientos para intervenir en un Jardín Histórico, sigue maltratando El Bosque con intervenciones contrarias a la Ley, malgastando dinero público y tomando el pelo a bejaranos y foráneos.

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