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Editorial 534 | Cuando el sectarismo pierde, gana Béjar

  • Incómoda lección para quienes anteponen el enfrentamiento al interés general

El mural dedicado a la tradición textil ya forma parte del patrimonio de la ciudad. Desde el primer momento, la iniciativa impulsada por las ediles no adscritas, Olga García y Araceli Dorado, tuvo el apoyo del equipo de Gobierno (PSOE-TAB) pero encontró una oposición frontal por parte del Grupo Municipal Popular, encabezada por su reprobado y cesado exalcalde de Béjar, Luis Francisco Martín (PP).

El debate jamás giró realmente alrededor del valor artístico del mural ni de su aportación al patrimonio local. El verdadero problema parecía consistir en aceptar que una buena idea llevara la firma de dos antiguas integrantes de su propio grupo.

Martín volvió a exhibir su falta de altura política consumiendo sus estériles esfuerzos en intentar impedir un éxito ajeno. Actuando como si cualquier idea nacida fuera de su control constituyera una amenaza. Convirtió al adversario en la prioridad y relegó a Béjar a un segundo plano. Cuando un partido destina más energía al resentimiento y a la animadversión que a construir una alternativa para su ciudad, deja de ser útil. Empieza, sencillamente, a estorbar.

Entre los asistentes a la inauguración figuraba Alejo Riñones (PP), alcalde de Béjar durante 20 años y la persona que eligió a Martín como su sucesor al frente del Partido Popular. Riñones podrá generar opiniones favorables o críticas, sin embargo, en esta ocasión entendió algo que Martín sigue sin asumir. No hacía falta compartir la autoría de la iniciativa para reconocer su valor. Bastaba con entender que el patrimonio común merece respaldo venga de donde venga. Ahí quedó retratada la diferencia entre dos maneras de entender el servicio público. El maestro estuvo donde debía. El discípulo prefirió quedarse instalado en el enfrentamiento. Pocas imágenes describen mejor la distancia entre quien entendió el peso institucional de un homenaje y quien siguió atrapado en una disputa de partido.

También estuvo presente Purificación Pozo, tras una larga trayectoria en el PP y hoy integrante de Vox. Personas con trayectorias, responsabilidades y sensibilidades distintas supieron interpretar que aquel homenaje trascendía cualquier diferencia partidista. Tanto Riñones como Pozo discernieron desde el principio que el protagonista no era un partido ni unas concejalas: El protagonista era Béjar y una de sus señas de identidad.

El mural ya no pertenece a García ni a Dorado. Hoy pertenece a Béjar. Igual que su historia textil, construida durante generaciones por miles de trabajadores, pertenece al patrimonio sentimental de toda la ciudad.

El patrimonio merece respaldo con independencia de quién impulse la iniciativa. Dentro de unos años miles de personas seguirán contemplando este mural y nadie recordará a quién intentó impedir su ejecución desde el más ruin revanchismo político.

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