Opinión

Campanadas a media noche en el barrio de Los Praos

| JOSÉ MUÑOZ DOMÍNGUEZ |

Las campanas de la iglesia de Monte Mario han enmudecido después de seis décadas, pero no se trata de una avería. Llevan así desde que, a mediados de septiembre de este año, hubo que cumplir no sé qué sentencia de no sé qué juzgado o tribunal, que daba la razón a una vecina, secundada por 268 firmas, ante su denuncia de 2022 por exceso de ruido campanero. Desconozco si se trata de una apreciación subjetiva de esta señora y de los firmantes, que quizá tengan un oído hipersensible, o la decisión judicial se basa en hechos objetivos y probados, como la superación de tal o cual umbral de confort auditivo medido en decibelios.
Me he criado en la barriada de Los Praos desde mis tiempos del Parvulito, recién inaugurado el campanario; he vivido aquí durante décadas y, después de trabajar fuera de Béjar, he regresado hace dos años al viejo barrio obrero donde las horas y sus cuartos transcurrían al ritmo de ese reloj y sus campanas, así que he convivido desde siempre con un sonido tan familiar como entrañable. En todos estos años nunca hubo quejas por el din-dong de las campanas. Hasta ahora.
Me gustaría que esa vecina se despachara a gusto en este medio y nos explicara por qué sufre tanto por algo que a casi nadie le molesta. Y que hicieran lo mismo los 268 firmantes que salieron en su apoyo: si hay motivos de queja, también los hay contra esa queja, tan legítimos los unos como los otros. Al margen de la decisión judicial, que ha de ser respetada, pero no necesariamente compartida (y que será recurrible), no sé por qué ha de prevalecer el criterio de los que se sienten molestos por las campanadas frente al de aquellos a quienes no sólo no nos resulta un fastidio, sino que notamos que nos han robado algo. Seguro que en el barrio se pueden recoger bastantes más firmas para recuperar el sonido silenciado que las que han servido de apoyo a la persona denunciante.
Pero quizá se pueda encontrar una solución intermedia que contente a unos y a otros. Buena parte de los años que estuve fuera de Béjar los viví a corta distancia de la torre de la catedral de Segovia (a 173 metros en línea recta, para ser exactos), y les aseguro que el sonido de sus campanas supera con creces al de nuestra torre de Monte Mario. Tampoco tuve molestias por ello, ni la inmensa mayoría del vecindario, pero eso no viene al caso. La cuestión es que, debido a una queja particular como la que ha silenciado las campanadas de Los Praos, se tomó allí una decisión razonable para todos, para los pocos quejosos por el ruido y para el resto mayoritario: suprimir las campanadas entre las 12 de la noche y las 8 de la mañana, y tan contentos. ¿Le bastaría esta solución a la vecina denunciante y a los 268 firmantes solidarios? Si en Segovia se pudo adoptar esa decisión, también será posible en Béjar. Desde aquí pido a la Asociación de Vecinos de Los Praos que medie ante quien haga falta para implementar esta posibilidad, siempre con la medición de los decibelios por delante.
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