Editorial 525 | El liderazgo que vacía al PP en Béjar
- Dimisiones, escaños vacíos y un partido incapaz de retener a los suyos
El PP de Béjar muestra con claridad un problema evidente: Se vacía desde dentro. El liderazgo del exalcalde reprobado y cesado, Luis Francisco Martín, ha generado un reguero de dimisiones imposible de ignorar.
A principios de la legislatura, Olga García y Araceli Dorado dieron el primer portazo. Pasaron a ser concejalas no adscritas y meses después respaldaron la moción de censura que desalojó a Martín de la Alcaldía, demostrando que un estilo de liderazgo centrado en el control convierte aliados en adversarios. Después, Alejandro Romero, alcalde pedáneo de Valdesangil, presentó su renuncia, y el PP lo sustituyó con rapidez para mantener la apariencia de normalidad mientras el conflicto interno seguía marcando la agenda política. En octubre, Kevin Blázquez también dimitió, y la situación se volvió aún más evidente porque los dos siguientes en la lista renunciaron antes de tomar posesión y hasta hoy nadie ocupa ese escaño municipal, reflejando un desgaste interno y una autoridad real debilitada. Entre tanta renuncia y dimisión, se suma otro golpe simbólico. En julio de 2025, el PP de Béjar perdió su sede histórica. Alquilada durante décadas en la céntrica calle Colón, fue vendida por sus propietarios a una nueva titularidad, y el cartel de la formación apareció abandonado en unos contenedores cercanos.
Cuatro dimisiones y la pérdida de la sede histórica en una sola legislatura revelan un patrón estructural de debilitamiento interno, un liderazgo que no logra mantener la confianza de quienes deberían sostenerlo genera desafección, incertidumbre y fragmentación dentro del partido. Cada salida refleja un desencuentro personal o táctico, y la incapacidad de construir relaciones políticas sólidas y sostenibles. El poder detentado por Martín aleja más de lo que une y consume recursos humanos y legitimidad más rápido de lo que logra consolidar apoyos. La repetición de estas dimisiones sugiere un estilo de gestión centrado en el control y la imposición más que en la persuasión y el compromiso. Deja al PP local con estructuras debilitadas y escasos referentes internos que puedan cohesionar el grupo.
El problema trasciende lo político y adquiere una dimensión institucional profunda evidenciando una fractura que afecta la capacidad de representación y de toma de decisiones. Refleja una debilidad organizativa y una falta de legitimidad percibida de quienes lideran. El liderazgo se mantiene en el poder sin contar con el respaldo interno necesario para sostenerse, debilitando la autoridad del partido ante la ciudadanía.
En Béjar, el PP enfrenta un desafío estructural y a una crisis que erosiona la cohesión del grupo. Cada dimisión refleja la falta de adaptación, la ausencia de escucha y la fragilidad de un liderazgo que confunde autoridad con control, dejando al partido atrapado en un ciclo de debilitamiento que compromete su futuro político.

