GRÁFICOS | Navamuño concluye 2025 con una reserva hídrica del 57,14%
- Con una leve recuperación, pero sin alcanzar los niveles de los años precedentes ni de la media de la última década
El embalse de Navamuño cierra 2025 con un balance que confirma un año hidrológicamente discreto, marcado por la irregularidad de las aportaciones y por unos niveles que, en conjunto, se han mantenido por debajo de la media de la última década. A 31 de diciembre, el volumen almacenado ronda los 8 hectómetros cúbicos, una cifra que supone una ligera recuperación respecto a los mínimos del verano, pero que no logra igualar los registros con los que finalizaron 2023 y 2024.
El año comenzó con un embalse claramente lastrado, situándose en las primeras semanas muy por debajo de la media decenal, que actúa como referencia histórica. Frente a ello, tanto 2023 como 2024 arrancaron con niveles más elevados, reflejo de un contexto hidrológico entonces más favorable. Esta desventaja inicial condicionó buena parte del ejercicio y obligó a una gestión especialmente prudente del recurso.
Durante la primavera, Navamuño experimentó una mejoría sostenida, alcanzando su máximo anual en torno a la mitad del año. Sin embargo, incluso en ese momento de mayor capacidad, el embalse no superó de forma clara ni la media de los últimos diez años ni los picos alcanzados en 2024, el año más favorable de la serie comparada. Esta circunstancia evidencia que la recuperación fue limitada y dependiente de episodios puntuales de precipitación.
El verano volvió a mostrar el patrón más preocupante del ejercicio. La reserva hídrica descendió con rapidez hasta situarse por debajo de los valores medios históricos, tocando mínimos similares a los de los años más secos. Este tramo del año confirmó la alta vulnerabilidad del embalse, especialmente relevante al tratarse de una infraestructura de pequeña capacidad y estrechamente ligada a la climatología local.
En comparación con la cuenca hidrográfica del Tajo, a la que pertenece, Navamuño ha evolucionado peor que la media del sistema. Mientras los grandes embalses del Tajo han cerrado 2025 con niveles relativamente estables, beneficiados por una gestión más flexible y mayores aportaciones, Navamuño no ha reflejado esa recuperación general, manteniéndose en valores modestos durante buena parte del año.
El cierre de 2025 deja, por tanto, una lectura clara: Navamuño termina el año con algo más de agua que en los momentos más críticos, pero sin alcanzar los niveles deseables ni los registros con los que se cerraron los dos ejercicios anteriores. Un final de año que confirma que 2025 se sitúa por debajo de la media de la última década, reforzando la idea de que la gestión del agua seguirá siendo un reto clave en los próximos años dentro de la cuenca del Tajo.

