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La banda de música acusa al alcalde de «mentir» y de buscar su desaparición

  • Los propios músicos elaboraron y presentaron al anterior equipo de Gobierno PP-Vox un documento detallado con las bases para el concurso-oposición

La crisis institucional y laboral en el seno de la Banda Municipal de Música de Béjar, una de las entidades culturales más longevas y queridas de la ciudad, ha escalado a un nivel de confrontación pública sin precedentes. Tras las recientes declaraciones del regidor municipal ante los medios, la agrupación no ha guardado silencio y ha emitido un exhaustivo y demoledor comunicado en el que desgrana, paso a paso, la cronología de los últimos dos años. En el escrito, acusan directamente al actual equipo de gobierno de orquestar una «trampa burocrática», de mantener injustificables impagos a sus directores y de mentir deliberadamente a la ciudadanía con el único propósito de justificar el desmantelamiento progresivo de la institución.

El conflicto, que hunde sus raíces en abril de 2024 tras el sensible fallecimiento del histórico director Lorenzo Torrico, destapa una grave situación de precariedad e irregularidad laboral que resulta inaudita tratándose de una administración pública. Según el documento aportado por los músicos, el subdirector Hilario J. Ceballos asumió la batuta temporalmente bajo una firme promesa de remuneración que se interrumpió de forma abrupta en 2025. A día de hoy, el Ayuntamiento le sigue adeudando su último trimestre de trabajo sin haberle ofrecido explicación formal alguna. Su sucesor, Pablo Recuero, quien cuenta con el absoluto respaldo y aval de los músicos, ha asumido una enorme responsabilidad artística por la que no ha cobrado «ni un solo euro» desde que tomara el cargo en funciones, a pesar del agravante de que el propio Consistorio publicitó a bombo y platillo su nombramiento oficial ante los ciudadanos.

La agrupación señala como punto de inflexión insalvable el cambio de gobierno de agosto de 2025. Lejos de regularizar la precaria situación heredada, los músicos denuncian que el nuevo alcalde paralizó cualquier avance administrativo con una confesión tajante y desalentadora: «Estamos en un momento de recortes y no tenemos interés en convocar la plaza de director». Esta sorprendente declaración, documentada según la banda, desmonta por completo la versión oficial y exculpatoria del alcalde, quien recientemente culpó a los músicos de ser ellos quienes bloqueaban la convocatoria pública de la plaza. De hecho, la entidad ya había investigado y entregado al Ayuntamiento un meticuloso documento, redactado a partir de publicaciones en el BOE, con las bases legales para un concurso-oposición que fue sistemáticamente ignorado en los cajones del consistorio.

Ante la rotunda negativa a convocar la plaza, el alcalde propuso dos alternativas que dejaban a la banda en una posición de extrema vulnerabilidad: «desmunicipalizar» la banda —una maniobra que los abocaría a convertirse en una asociación privada a merced de subvenciones y convenios anuales de incierta renovación—, o modificar los estatutos para incluir el sueldo del director en la partida económica global destinada a los músicos. La banda aceptó la segunda vía con espíritu constructivo, entregando una propuesta en diciembre que el propio alcalde llegó a calificar de «trabajo excepcional». Sin embargo, lo que siguió a esos elogios fue lo que la agrupación define con frustración como un «calvario de plazos ocultados intencionadamente».

A los injustificados retrasos en la publicación de los nuevos estatutos en el Boletín Oficial de la Provincia (BOP), se sumó en el mes de febrero una exigencia sorpresa: la necesidad técnica de aprobar también un Reglamento Interno en pleno municipal para que, finalmente, el director pudiera cobrar su salario. Este nuevo e imprevisto trámite, que fue inicialmente aprobado en marzo enfrentando el voto en contra y el recurso posterior del Partido Popular, ha colapsado por completo los plazos administrativos. La resolución efectiva del conflicto se retrasa, en el mejor de los escenarios, hasta finales de junio. Se trata de una situación límite y un horizonte temporal inasumible que imposibilita a Pablo Recuero seguir sosteniendo el peso de la dirección artística de forma totalmente gratuita, y que condena a la banda a la incertidumbre, impidiendo preparar con garantías su inminente temporada de conciertos de verano.

En el tramo final de su contundente comunicado, los músicos no escatiman en calificativos y tildan de «absoluta vergüenza» la actitud y la gestión del primer edil. Le acusan frontalmente de «mentir deliberadamente» al afirmar ante los micrófonos que el actual director conocía y aceptó trabajar gratis como una suerte de voluntariado, de inventar que la banda propuso un modelo estructural inviable y de intentar desprestigiar públicamente a unos músicos que llevan dos años sosteniendo la actividad cultural de la ciudad a base de puro sacrificio personal. Un esfuerzo que ha implicado robar tiempo a sus familias, costear de su bolsillo miles de kilómetros y, pese a todo, lograr rotundos éxitos de público y llenos absolutos en el Teatro Cervantes, como el vivido con gran emotividad el pasado 14 de marzo.

«El alcalde parece empeñado en pasar a la historia como el que tuvo el honor de deshacerse de una emblemática institución cultural», sentencia el duro comunicado de la agrupación, que responsabiliza única y exclusivamente del colapso actual a la inoperancia, la desidia y la falta de voluntad política de los gestores públicos de la ciudad frente a un legado que corporaciones anteriores supieron preservar.

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