La guerra y la deshumanización centran la conversación sobre la última novela de Yolanda Izard
- Aborda los conflictos a través de un grupo de niños y una enfermera voluntaria
La guerra y sus consecuencias sobre quienes quedan atrapados en ella centraron la conversación en torno a El viaje de los niños sin nombre. .
La obra toma la guerra de Ucrania como escenario, aunque su historia trasciende ese conflicto concreto. El sufrimiento de la población civil, la pérdida de identidad provocada por la violencia y la situación de los menores atrapados en una guerra que no han elegido convierten la novela en una reflexión sobre los conflictos armados de cualquier época.
El encuentro celebrado en la biblioteca del Casino Obrero permitió profundizar en algunos de estos aspectos de la obra. Yolanda Izard estuvo acompañada por los miembros del Centro de Estudios Bejaranos Pedro Ojeda Escudero y Carmen Cascón Matas, con quienes conversó sobre la novela y sus claves.
Uno de los elementos centrales de El viaje de los niños sin nombre son precisamente sus protagonistas. Los niños han perdido hasta su nombre como consecuencia de la violencia, una forma de deshumanización que remite a otros episodios de la historia en los que las personas fueron reducidas a números y privadas de su identidad.
La historia sigue a una enfermera voluntaria que intenta poner a salvo a los menores, poniendo en riesgo su propia vida. Durante el recorrido por un país devastado por la guerra aparecen otros personajes cuyas historias se entrecruzan con las de los protagonistas. En medio de la destrucción, la solidaridad y la ayuda mutua adquieren un papel fundamental.
Pedro Ojeda Escudero realizó un análisis de la novela y destacó la relación entre esta obra y la trayectoria anterior de la escritora. A su juicio, El viaje de los niños sin nombre recoge y sintetiza buena parte de los elementos presentes en los libros anteriores de Izard.
La prosa de la autora mantiene un marcado componente poético, aunque el relato aborda de forma directa la dureza de la guerra. El resultado es una historia exigente para el lector, construida a partir de situaciones límite en las que los personajes deben enfrentarse a decisiones sobre la supervivencia, el miedo y la solidaridad.
Durante la conversación también apareció la dimensión universal de la novela. Ucrania funciona como escenario, pero la historia podría trasladarse a otros conflictos contemporáneos o a guerras de épocas anteriores, porque las consecuencias sobre la población civil y especialmente sobre los niños mantienen elementos comunes.
La autora explicó distintos aspectos de la obra y leyó varios fragmentos ante los asistentes. El encuentro concluyó con la firma de ejemplares por parte de Yolanda Izard.
La actividad fue la tercera propuesta del programa “Hablamos de libros en el Casino Obrero” y reunió a un numeroso público en la biblioteca del ateneo. Entre los asistentes se encontraba su presidenta, Isabel de la Cruz, junto a otros integrantes de la junta directiva y miembros del Centro de Estudios Bejaranos.
El viaje de los niños sin nombre ha sido publicada por Eolas Ediciones y plantea, a través de una historia de ficción, una mirada sobre la guerra desde quienes sufren sus consecuencias sin haberla provocado.

