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Béjar recibe la mítica capa de la saga Sánchez-Albornoz

  • El primer custodio de la prenda fue Nicolás Sánchez-Albornoz Hurtado (1862–1941)

El patrimonio histórico y textil de Béjar acaba de incorporar una pieza de incalculable valor material y simbólico.

La familia Sánchez-Albornoz ha donado al Ayuntamiento de la ciudad la célebre capa de paño bejarano que perteneció al insigne historiador, ministro de la Segunda República y presidente del Gobierno republicano en el exilio, Claudio Sánchez-Albornoz. La prenda, que recorrió medio mundo como un estandarte de la excelencia artesanal de la comarca, será exhibida de forma permanente en el Museo Textil de Béjar.

La entrega oficial de la pieza se consolidó el pasado 15 de junio de 2026 en Madrid. Hasta allí se desplazó una delegación bejarana encabezada por el alcalde de la ciudad, Antonio Cámara, acompañado por la cronista oficial de la villa, Carmen Cascón; la presidenta de la Asociación de Fabricantes de Béjar, Susana Morán; y el arqueólogo J. Francisco Fabián. Este último, amigo personal del donante y actual propietario de la prenda, Nicolás Sánchez-Albornoz Aboín, actuó como el mediador clave para que esta pieza de coleccionista regrese a su legítimo hogar espiritual.

Tres generaciones unidas por un hilo bejarano

La historia de esta capa constituye una crónica viva de la España del siglo XX, habiendo sido vestida y preservada por tres figuras capitales de la intelectualidad y la política española, quienes siempre hicieron gala de su confección con paño de Béjar.

El primer custodio de la prenda fue Nicolás Sánchez-Albornoz Hurtado (1862–1941), un reputado abogado y parlamentario de la Restauración que ejerció como diputado por los partidos Liberal y Conservador, además de senador entre 1901 y 1921. Se presume que la capa le fue obsequiada en Madrid por allegados vinculados a la industria textil de la provincia salmantina.

A su fallecimiento, la capa pasó a manos de su hijo, Claudio Sánchez-Albornoz y Menduiña (1893–1984). El insigne medievalista, que llegó a ser ministro en 1933 y presidente de la República en el exilio en los años sesenta, vistió la icónica prenda durante su destierro en Argentina y en sus estancias en diversos países de América y Europa, portándola siempre como un símbolo de orgullo y prestigio de la manufactura española.

Un periplo que termina en el Museo Textil

El último eslabón familiar en vestir la capa ha sido su donante, Nicolás Sánchez-Albornoz Aboín. El reputado historiador de la economía del siglo XIX y catedrático en la Universidad de Nueva York arrastra una biografía novelesca: fue uno de los protagonistas de la mítica fuga del destacamento penal de Cuelgamuros (Valle de los Caídos) durante la posguerra, una peripecia que inspiró la película Los años bárbaros de Fernando Colomo. Sánchez-Albornoz Aboín, quien fuera también el primer director del Instituto Cervantes (1991–1996) y miembro de la Real Academia de la Historia, confesaba con humor cómo paseaba con la capa por las calles de Manhattan bajo la mirada curiosa de los neoyorquinos.

El convenio de cesión, firmado formalmente en Madrid por el Ayuntamiento y el donante, estipula el compromiso institucional de exhibir, custodiar y conservar de forma óptima esta pieza en el Museo Textil. Como garantes de este legado para el futuro, el documento involucra directamente al Centro de Estudios Bejaranos y a J. Francisco Fabián, asegurando que el hilo invisible que une a la saga de los Sánchez-Albornoz con los telares de Béjar permanezca expuesto para las generaciones venideras.

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