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Editorial 535 | Béjar ya probó el chiste

  • El experimento se hizo y todavía se paga la factura

España disfruta estos días de una de esas bromas capaces de unir al país con mayor eficacia que cualquier pacto de Estado. Dionisio Rodríguez Martín, El Dioni para varias generaciones de españoles, robó un furgón blindado con un botín equivalente hoy a unos dos millones de euros. La Audiencia Nacional le condenó a 3 años y 4 meses de cárcel por apropiación indebida. Ahora, años después, aspira a la Alcaldía de El Molar bajo las siglas de Vox. Las redes sociales fabrican chistes a velocidad industrial, los tertulianos estiran la ocurrencia y los humoristas agradecen un verano tan generoso.

La escena provoca risa. En Béjar, sin embargo, conviene administrar las carcajadas con cierta prudencia. Aquí el experimento ya pasó por las urnas.

El Partido Popular decidió convertir en candidato a la Alcaldía de Béjar a Luis Francisco Martín, condenado años antes a prisión por usurpación de funciones públicas. La candidatura llegó casi dos décadas después de aquella sentencia, sin embargo la biografía judicial continúa escribiendo capítulos. El pasado 27 de julio Martín volvió a declarar como investigado ante el Tribunal de Instancia por presuntos delitos de prevaricación y malversación relacionados con un expediente municipal. La presunción de inocencia permanece intacta. La hemeroteca, también.

La comparación posee un punto de ironía irresistible. Uno condenado a prisión por el robo de un furgón blindado despierta una epidemia nacional de chascarrillos. Otro condenado a prisión por un delito vinculado, precisamente, al ejercicio de funciones públicas alcanzó la Alcaldía de Béjar envuelto en la solemnidad institucional propia del cargo. El primero inspira bromas. El segundo recibió un bastón de mando. Después comenzó la legislatura y la ciudad descubrió la distancia entre una campaña electoral y la realidad. Los proyectos fueron perdiendo voz. Las inversiones dejaron de ocupar titulares. El debate público acabó secuestrado por las polémicas, las investigaciones y un ruido político tan constante como estéril. El ridículo encontró acomodo en el salón de plenos con la naturalidad de quien llega a su propia casa.

Béjar ya hizo el experimento. España apenas empieza a reírse del cartel anunciador, pero aquí vimos la función completa. Los chistes duran un verano, las legislaturas cuatro años.

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