Editorial 530 | El escaño vacío
- El PP de Béjar lleva 8 meses con sólo 4 concejales ante su incapacidad de sustituir a Blázquez
Hay derrotas políticas capaces de llenar portadas durante semanas. Otras, en cambio, se deslizan en silencio por los pasillos del Ayuntamiento, entre renuncias discretas y teléfonos apagados. En Béjar ocurre algo parecido. Desde hace meses, una parte del Partido Popular ha elegido un relato cómodo, casi litúrgico, para explicar su decadencia. Las concejalas no adscritas, Olga García y Araceli Dorado, aparecen en esa versión como responsables absolutas del derrumbe. Sobre sus hombros cae la pérdida de la alcaldía, la fractura interna y hasta el desconcierto actual del grupo municipal. Una explicación sencilla, demasiado sencilla.
La realidad, sin embargo, posee la desagradable costumbre de dejar huellas.
En octubre de 2025 dimitió Kevin Blázquez. Desde entonces, el PP de Béjar arrastra una escena impropia de un partido sólido. Vacante tras vacante, renuncia tras renuncia. Integrantes de la propia candidatura apartándose del acta como quien evita subir a un tren sin destino claro. Ocho meses después, el asiento continúa vacío y el PP con sólo 4 concejales. Nadie acude. Nadie quiere.
Ahí aparece la gran contradicción del discurso oficial.
Durante todo este tiempo se ha señalado a las ediles no adscritas con una mezcla de indignación moral y cálculo político. Resultaba necesario construir un enemigo visible. Siempre ayuda disponer de un rostro ajeno sobre el que descargar frustraciones. Mucho más difícil es mirar hacia dentro y reconocer el desgaste interno, la ausencia de liderazgo o el agotamiento de un proyecto incapaz ya de convencer incluso a quienes figuraban en sus listas electorales.
Porque una dimisión aislada puede responder a mil razones. Una cadena de renuncias dibuja otra cosa. Habla del clima interno, del desánimo, de la falta de confianza. Ningún partido con pulso político atraviesa semejante desfile de negativas para ocupar un acta de concejal. Ahí desaparece la propaganda y empieza la realidad.
Tal vez por eso algunos dirigentes locales insisten tanto en mantener viva la polémica contra «las no adscritas». La estrategia resulta transparente. Mientras exista un culpable externo, nadie preguntará por el vacío creciente dentro de casa. Mientras continúe el ruido, quedará oculto el dato verdaderamente demoledor. El Partido Popular de Béjar perdió algo más importante que una alcaldía. Perdió la capacidad de reunir a personas dispuestas a defender sus siglas desde un escaño municipal.
Y esa clase de derrota jamás nace por culpa de otros.

