VÍDEO e IMÁGENES | Presentación de ‘La metáfora del mirlo’

  • Con la presencia del autor, Pedro Ojeda Escudero, y de la escritora Yolanda Izard Anaya

Fotos: Enrique García Periáñez y Carmen Cascón

Tal y como adelantó BÉJAR EN EUROPA el pasado 14 de junio, el Casino Obrero acogió la presentación del libro ‘La metáfora del mirlo’ escrito por Pedro Ojeda, y organizada por el Centro de Estudios Bejaranos (CEB).

El Casino Obrero se vistió de gala para recibir a dos grandes de la literatura bejarana: Pedro Ojeda Escudero, miembro del Centro de Estudios Bejaranos, y Yolanda Izard Anaya, escritora nacida en Béjar. El motivo no era otro que presentar La metáfora del mirlo, un libro surgido del confinamiento de su autor, el propio Pedro Ojeda, en su casa de la calle Mayor de Sánchez Ocaña, un acto organizado por el Centro de Estudios Bejaranos. Publicado en 2020 por Eolas Ediciones, ha tenido que esperar una situación pandémica más benevolente para ser presentado en la ciudad que lo inspiró, mientras se hacía lo propio en otras como León, Valladolid o Madrid con anterioridad.

El acto comenzó con la grabación por parte del Centro de Estudios Bejaranos de un pequeño vídeo introductorio a puerta cerrada en la biblioteca del Casino, un espacio marcado por la historia cultural de Béjar y abierto por medio de sus galerías hacia el monte del Castañar. No en vano, la naturaleza está presente de manera continua en el libro.

Posteriormente, y ya en la sala de conferencias y exposiciones, tuvo lugar el acto de presentación con aforo limitado y todas las medidas de seguridad. Tomó la palabra en primer lugar el vicepresidente del Casino, Iván Parro, para dar las gracias a los intervinientes y al Centro de Estudios Bejaranos por esta iniciativa. Tras ella, intervino la presidenta del Centro, Josefa Montero García, para a su vez, agradecer al Casino la disponibilidad a la hora de ceder sus espacios al Centro para realizar sus actividades, recalcando que esta era la primera  que se realizaba con público desde marzo de 2020 (no en vano la entrega del premio «Ciudad de Béjar» a Marcos Sala Ivars en septiembre de ese año se acometió de manera muy restrictiva).

Hora era de que Yolanda Izard Anaya comenzara su reseña sobre La metáfora del mirlo, un análisis inteligente y profundo, realizado desde la admiración y el cariño de un libro que se inspiraba en las dos caras de Béjar y de la vivienda del autor durante los días de confinamiento e incertidumbre: la calle Mayor, abierta a la ciudad, y las galerías que se asoman a la sierra y el monte del Castañar.

Estas eran las dos caras de una casa de la calle Mayor que se convierte en refugio y cárcel para el autor, destacó Yolanda, y que es el espacio en el que tiene lugar la escritura del libro. Sus pasajes son cantos a la vida, a la naturaleza, a la vez que una búsqueda del paisaje interior y exterior del propio Pedro. Prosa y verso se combinan para dar lugar a relatos cortos, a veces de una sola frase o, por contra, de varias páginas, sobre el pasado, el presente y el futuro. Reflexiones sobre la dura realidad cotidiana, pero también sobre las vivencias y los libros, las películas y las noticias que nos bombardeaban en aquellos duros momentos, aderezadas con una contemplación sosegada de la incidencia de la luz sobre un paisaje que no deja de ser un cuadro siempre presente, siempre cambiante. En todo momento Yolanda Izard invitó a leer un libro que se recrea en Béjar, de lectura imprescindible.

Pedro Ojeda Escudero aplaudió el excelente análisis de Yolanda Izard Anaya y desveló a los presentes algunos detalles de su proceso de escritura, destacando esas dos caras de su propia vivienda, la que mira hacia la ciudad, entonces vacía y vaciada, y a la que se asoma hacia el paisaje, que percibió en todos sus detalles durante el confinamiento.

La creación de La metáfora del mirlo le sirvió de encuentro del paisaje interior y exterior, y gradeció a su pareja, Maika, el haber conocido hacía doce años los paisajes bejaranos, y a su grupo de amigos, Libre Albedrío y sobre todo a Manolo Casadiego, el haber puesto nombre a caminos y peñas, riscos y matojos, pájaros e insectos. Recordó escenas muy hermosas como el silencio de un paraje de Hoya Moros nevado, cuyo silencio fue roto por el sonido de un águila volando por encima de sus cabezas. También destacó los capítulos dedicados a su Valladolid natal y a sus padres, ya fallecidos, así como el del El pino de Béjar, del pintor Darío de Regoyos, hoy en el Museo del Prado, o el viaje imaginario a Cascais.

Para acabar, los presentes realizaron reflexiones en voz alta e hicieron preguntas a los intervinientes.

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